lunes, 30 de enero de 2012
Compartiendo
Torrejón el Rubio - 15/08/08
Somos invariablemente uno. Bajo ninguna circunstancia salvaremos la soledad implícita en la individualidad del ser que habitamos, la distancia con la otredad. Nada, ni el amor, ni el sexo, podrá llevarnos o traernos profundamente al otro, por muy cerca que sintamos el ajeno latido. Entramos en la vida solos y salimos de ella solos. Y en el transcurso entre esos dos momentos, la comunión con el otro, en el mejor de los casos, no es más que una bella ilusión. Una ilusión necesaria y bastante para compartir, incluso felizmente, tiempos y espacios.
M.G. 03/05/10