Glicinas - Google imágenes
Por el paseo de los tilos aspiro el aire dulzón de las ramas en flor. Nunca me atrevo a sacar la navajita de mi llavero para cortar algunos ramos de glicinas y ponerlos en la secretaría. Los magnolios también han florecido. Antes de llegar a la fuente hay dos ciruelos, uno a cada lado, que han llegado a entremezclar sus ramas más bajas, y estos últimos días tengo que agacharme ligeramente para no rozar mi cara con sus hojas granates. La lavanda forma setos redondeados y a esas horas está mojada.
Me sienta bien pasear unos minutos antes de entrar a trabajar para mentalizarme y decirme una y otra vez que no debo alentar esto que siento.
Mañana, al pasar entre los ciruelos, probaré a cerrar los ojos, simplemente.
M.G.
