Desde mi ventana
Llueve afuera. Es todo lo que puedo mirar hoy. Pero sé que en algún lugar y en este mismo instante, todo lo bello existe. Y aunque yo no lo goce, sé que está y me basta.
Las conchas irisadas mecidas por la espuma. Las luces crepitantes de una hoguera sabiamente encendida. Miniaturas sublimes del reino vegetal bajo un tronco mojado. Horizontes perfectos. Aves sin premura, dominando las térmicas. Soledades glaciares. Atardeceres rojos. El orden invisible de las constelaciones. Las sombras de arabescos en una pared blanca...
Las últimas verdades, es decir, las renuncias.
M.G.