Qué estimulante y agradable puede resultar hablar de democracia con los amigos en una tertulia, cuando la acción consiste en café, copa y puro. Qué fácil declararnos demócratas y pensar que pagando nuestros impuestos y ejerciendo nuestro derecho al voto se agota nuestro compromiso, y a partir de ahí, la responsabilidad es toda de nuestros gobernantes y administradores públicos. ¿Cuál ha de ser nuestra posición demócrata si los políticos nos fallan? Si el abuso se hace flagrante y si su ineptitud y ambición desmedida nos conduce a crisis cuyas consecuencias sólo pagará el pueblo.
De acuerdo. El hombre aún no dispone de los genes óptimos para manejar la globalización. El gen nos sigue programando para economizar energía en la tarea de comer y no ser comidos. Y lo hacemos sentados frente al televisor y deglutimos tranquilamente mientras observamos lo que ocurre en el mundo, como si tanta injusticia y abuso pudieran apagarse con el mando a distancia.
Dice Eduardo Galeano que este mundo de mierda está embarazado del mundo posible que algún día será. Supongo que ocurrirá cuando el sueño del hombre no lleve implícita la ambición del privilegio sobre los otros, sobre esa gran mayoría de cándida y pacífica naturaleza.
El ágora ha vuelto a través de las redes sociales, para encontrar vías pacíficas contra el abuso de los que creen haber nacido naturalmente privilegiados. Eduquémonos para el ágora.
El ágora ha vuelto a través de las redes sociales, para encontrar vías pacíficas contra el abuso de los que creen haber nacido naturalmente privilegiados. Eduquémonos para el ágora.
Mutemos (educándonos) el gen para ese otro mundo posible.
M.G.
