Una tarde cualquiera.
Navego un rato por la red y abro la ventana para respirar el olor a ozono. Todo está en calma todavía, aunque por poco tiempo. La tormenta es inminente.
Escucho la calidez de la guitarra. Como si no hubiera en este momento otro sonido en el mundo. Vicente rasga las cuerdas para hacer sonar esta bulería que al principio se me antoja un tango. Algún día aprenderé de verdad a bailar tangos. Lo juro.
Navego un rato por la red y abro la ventana para respirar el olor a ozono. Todo está en calma todavía, aunque por poco tiempo. La tormenta es inminente.
Escucho la calidez de la guitarra. Como si no hubiera en este momento otro sonido en el mundo. Vicente rasga las cuerdas para hacer sonar esta bulería que al principio se me antoja un tango. Algún día aprenderé de verdad a bailar tangos. Lo juro.
M. G.