El árbol de la vida - Google imágenes.
Todos los días salto la valla del jardín para pecar un poco. La serpiente ya me conoce y me espera. Como todo el mundo la teme, sólo unos pocos temerarios llegamos hasta aquí. Acostumbro a acariciarle la cabeza erguida y ella me regala sus lametones bífidos. Después repta por el tronco del arbol prohibido y me baja algún fruto maduro.
M.G.
